El Otoño de Orión. III. Humano

Volteé a verlo sorprendida. Orión agachó la mirada.
En ese momento lo reconocí de verdad. Tan entero y vulnerable como un humano. Un pequeño núcleo caminando entre nosotros. Bueno, bello, libre.

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Pasaje de Tiempo2

Hoy llovía en la ciudad. Y cuando la tormenta pasó dejó tras de sí un reconfortante ambiente alrededor. Caminar entre calles cuando los faroles se encienden y acaba de llover es como haber llorado. Penosa y tendidamente. Pero al final uno siempre queda claro y tranquilo, sea cual sea el motivo.

Orión estaba ahí, como siempre en estas fechas. Él a veces se burla de mis sentimentalismos. Te dicen que cualquiera puede lloriquear cuando se le de la gana, pero la verdad es que uno siempre espera cuando llueve, para darse esa enjuagada profunda. Por dentro y fuera.

– Z no existe-, dijo él sin voltear a verme mientras metía las manos a los bolsillos de su chamarra.

– Lo mismo dije, hasta que le conocí-, dije, sonriendo. Haciendo memoria. Allá, remotamente al día en que lo ví por primera vez. Cuando sus labios rozaron los míos. A este punto podría dibujar cada una de las líneas de su mano en un papel.

– Y… ¿lo vas a seguir esperando? no creas que no sé que intentas. Te conozco, Moona. Podría dibujar cada una de las líneas de tu mano en un papel si me lo pidieran. Solo recuerda, que estoy aquí por un motivo, ¿si?

Volteé a verlo sorprendida. Orión agachó la mirada. 
En ese momento lo reconocí de verdad. Tan entero y vulnerable como un humano. Un pequeño núcleo caminando entre nosotros. Bueno, bello, libre.

Miré ese gran concentrado de amor y lo deseé con ganas. Desée con todas mis fuerzas poderlo tomar. Corresponderlo, hacerlo crecer. Descansar en él. Pero…

– Orión… Ya sabes la respuesta.

Z, voltea aquí. Siempre me he preguntado de dónde eres parte. A dónde perteneces. Que hay de tus recuerdos y nostalgias. El nombre de todo lo que conoces. La fecha en que supiste tu mayor ambición y cuando me miraste por primera vez.

Voltea. ¿Has volteado? Mira como todos nos ocultamos al desaparecer el sol. Tal vez por miedo a tornarnos más oscuros que la misma noche.

Y al final no puedo negar, que luces siempre tan bien.

Atemporal IV. Let Him Go

Z, donde quiera que estés habrá días oscuros y tenebrosos con el potencial de ser convertidos en “el día de tu vida”. La idea de esos días me hacen pensar en tí.

Beso tu frente, Z, diciéndote que confío en ti. Ya puedes leer cada palabra oculta bajo mi expresión. Sin embargo el fuego de mi propia sangre me lleva a hacerte saber todas estas palabras.

Hoy me siento en el lugar que está hecho para mí. Este pequeño rincón desde el cual siempre he visto el mundo transformarse tan rápidamente. Desde aquí está bien dejar las cosas pasar y observar silenciosamente. Las luces de este sitio prenden sin falta al anochecer y se apagan al amanecer. Todo pasa con tal paz que es un tesoro. Algún día estuve segura de podertelo enseñar contándo alguna historia “Había una vez, una Moona perdida en el Tiempo. Ella amaba las lavandas y gerberas y buscándolas subió una montaña y se encontró un lugar perdido, como ella. Ella pertenecía ahí. Tal vez el lugar la encontró a ella, ¿tú me encontraste a mi? ¿yo a tí?”.

Z, donde quiera que estés habrá días oscuros y tenebrosos con el potencial de ser convertidos en “el día de tu vida”. La idea de esos días me hacen pensar en tí, cuando las luces se apagan y recuerdo que alguna vez cuando estuve perdida necesité un día oscuro para poder conocer un poco de luz. Y una mano compañera, una risa y la calidez de unos ojos tan bellos. Siempre te has resistido a la idea de que tus ojos son hermosos. No es solo por que lucen como una suave hoguera, sino por que con ellos puedes ver las cosas como yo no puedo.

Y definitivamente aún lloro la distancia y el desface temporal de tu vida y la mía. Pero te deseo buen viaje siempre para cada una de tus partidas y arribos. No importan las heridas, ni el olvido. Importa que estemos bien y libres. Amando, siendo reales, aprendiendo. Quiero todo eso para ti. Tómalo como el deseo de buenas noches.

Atemporalmente

Moona.

 

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Lúcido II. Vitrales

Era un pequeño paraíso para los forajidos e inadaptados, taciturnos como nosotros, que ocasionalmente salimos a pisar charcos mientras nuestros propios fantasmas nos pisan los talones en la oscuridad. 

Esa noche tu besaste mis ojos cansados e irremediablemente te soñé.

Blue, soñé que me tomabas de la mano y corríamos con los bolsillos vacíos y sin piedras en el zapato. Tan ligeros y conscientes de que la ciudad era nuestra, que podríamos gritar en cada esquina nuestro nombre y seguramente permanecería ahí, nebuloso e indeleble al tiempo y la tempestad. Tú me tomabas de la mano, ésta, con la también que toco mi corazón. El frío de la noche vaporizaba tu aliento. Yo no podía dejar de verte. Era tu bello rostro iluminado por la noche mi más grande tesoro.

Soñé que me llevabas a esa gran casa con invernadero en la calle 11 y 5. Hay un hermoso vitral cuyos destellos cristalinos parpadean al suave ritmo del crepúsculo y las luces ocre de las farolas. Todo este espectáculo se proyectaba en paredes, pisos y la acera. Era un pequeño paraíso para los forajidos e inadaptados, taciturnos como nosotros, que ocasionalmente salimos a pisar charcos mientras nuestros propios fantasmas nos pisan los talones en la oscuridad.

Avanzaste delante de mí y te fragmentaste en tonalidades. Tu piel lucía todos los colores del universo. Blue, eras mi amor al rojo vivo. Mi esperanza esmeralda brillante y la paz en azul marino. Eras magia danzando libremente en el caos más bello de este lugar. Yo reí con el espíritu lleno, como niño pequeño, porque no sabía que más hacer.

 

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Tu más Profunda Piel [Fragmento]

¡Oh viajera de ti misma! ¡máquina de olvido!

Pequeño Fragmento de “Tu más profunda Piel” de Julio Cortázar